Aceite de oliva vs. girasol: ¿cuáles son sus diferencias reales?

Ambos tienen beneficios para la salud descritos por la ciencia, pero no son iguales y varían en su procesado y composición natural.

Se le conoce como el rey supremo en el Mediterráneo, agregando multitud de cualidades palatables, pero, además de darles sabor a nuestros platos preferidos, tiene multitud de beneficios para nuestra salud. Se trata del aceite de oliva. Por su parte, el de girasol, aunque menos aclamado, es uno de los más comunes en el mundo junto con el vegetal, el de coco, el de maní y el tan clásico aceite de canola.
¿Qué beneficios proporciona el aceite de girasol?
El de girasol es un poco complicado. Su proceso de elaboración se realiza presionando las semillas de la planta Helianthus annuus, comúnmente conocida como girasol. Si bien eso es bastante simple, va más allá: hay más de un tipo de aceite de girasol en el mercado, por ejemplo, de los EEUU. De hecho, según su Asociación Nacional del Girasol, hay hasta cuatro tipos distintos.


Una cucharada de aceite de girasol contiene el 28% de la ingesta diaria recomendada


Ambos ácidos grasos son fuentes de energía para el cuerpo. Contribuyen a la fortaleza de las células y los tejidos, y son líquidos a temperatura ambiente. Sin embargo, la forma en que reaccionan a la cocción es diferente, lo que significa que tienen diferentes impactos en su salud. Estos son sus beneficios:
Diabetes: los efectos de las semillas de girasol sobre el azúcar en la sangre y la diabetes tipo 2 se han probado en algunos estudios y parecen prometedores, pero se necesita más investigación.
Inflamación: a corto plazo es una respuesta inmunitaria natural, la crónica supone un factor de riesgo para muchas enfermedades.

En un estudio, publicado en ‘American Journal of Epidemiology’ con más de 6.000 adultos, aquellos que informaron comer semillas de girasol y otras semillas al menos cinco veces a la semana tenían niveles 32% más bajos de proteína C reactiva (signo de inflamación) en comparación con las personas que no las ingerían.
Enfermedades cardiovasculares: la presión arterial alta es un factor de riesgo importante para la enfermedad cardiaca, que puede provocar un ataque cardiovascular o un derrame cerebral. Un compuesto en las semillas de girasol bloquea una enzima que hace que los vasos sanguíneos se contraigan. Como resultado, puede relajar los vasos sanguíneos, lo que reduce la presión arterial. El magnesio en las semillas de girasol también ayuda a reducir los niveles de presión arterial, según un ensayo de BCM Chemistry. Además, las semillas de girasol son ricas en ácidos grasos insaturados, especialmente en ácido linoleico, que reduce la presión arterial y el colesterol.
Se elabora en dos pasos principales: prensar las semillas y luego refinar el aceite. Este último elimina cualquier impureza, lo que hace que el aceite tenga un sabor neutro, y simplifica el olor y la apariencia. Como regla general, cuanto más refinado es un aceite, menos nutrientes contiene.
El aceite de oliva ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares.
También hay cuatro tipos principales disponibles en el mercado. La literatura científica está plagada de estudios sobre sus beneficios. Pero en cuanto a su proceso de elaboración, se realiza tras extraer del fruto del olivo, la aceituna, utilizando métodos físicos, sin el agregado de productos químicos, por lo que se trata de un verdadero zumo de fruta. Los sistemas de extracción de aceite tradicionales realizaban el proceso cumpliendo tres etapas: molienda, prensado y decantación. Los beneficios del aceite de oliva en la salud del ser humano son:
Salud del corazón: en el estudio PREDIMED, que incluyó a más de 7.000 adultos en España, los participantes que consumían una dieta mediterránea complementada con nueces mixtas o aceite de oliva virgen extra (más de 4 cucharadas al día) tenían un riesgo significativamente menor de experimentar un evento cardiovascular importante en comparación con los que siguen una dieta de control baja en grasas. El riesgo combinado de accidente cerebrovascular, ataque cardiaco y muerte por enfermedad cardiaca fue un 28% más bajo en el grupo de la dieta mediterránea con frutos secos y un 31% más bajo en el grupo de la dieta mediterránea y el aceite de oliva. Una variedad de estudios más pequeños también han relacionado el aceite de oliva virgen extra con mejoras en el colesterol y reducciones significativas en la presión arterial.


Cáncer: las personas que viven en las regiones mediterráneas tienen tasas más bajas de cáncer en comparación con otras poblaciones, y las investigaciones indican que en gran parte el aceite de oliva ha ayudado a esa prevención. Asimismo, un estudio del NIH muestra que las mujeres con los niveles más altos de aceite de oliva en su dieta tienen un menor riesgo de cáncer de mama y cánceres del sistema digestivo, incluido el de colon.


Demencia: los potentes polifenoles del aceite de oliva pueden incluso mantener tu memoria afilada a medida que envejeces. Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que el polifenol oleocantal puede ser de agradecer. Los hallazgos de un ensayo con ratones sugieren que el consumo de AOVE rico en oleocantal puede ayudar a retrasar o detener la progresión de la enfermedad de Alzheimer. Asimismo, se demostró que el AOVE rico en oleocantal restaura la función de la barrera hematoencefálica y mejora otros aspectos de la salud del cerebro al reducir la neuroinflamación.


Pérdida de peso: una investigación, recogida en ‘European Journal of Nutrition’, demuestra que las mujeres con exceso de grasa corporal que complementaron su desayuno con aproximadamente 1,5 cucharadas de AOVE experimentaron una pérdida de peso y una reducción de la presión arterial significativamente mayores que las que tomaron la misma cantidad de aceite de soja, lo que llevó a los investigadores a recomendar que se incluyera el primero en programas de tratamiento de la obesidad.


Salud mental: un estudio demuestra que los adultos jóvenes con depresión que seguían una dieta de estilo mediterráneo (2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra por día) la redujeron.
Salud intestinal: una revisión del NIH muestra que los polifenoles en el aceite de oliva pueden ser beneficiosos para calmar la inflamación intestinal y mejorar la inmunidad, lo que lo hace recomendable para las personas con enfermedades del intestino irritable como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.


Valores nutricionales de los dos tipos de aceites
El aceite de girasol aporta los siguientes nutrientes:
– Calorías: 124
– Grasas totales: 14 g
– Grasa saturada: 1,22 g
– Grasa poliinsaturada: 3,94 g
– Grasa monoinsaturada: 7,8 g
– Colesterol: 0 mg
– Carbohidratos totales: 0 mg
– Proteína: 0 mg
– Nutrición del aceite de oliva
– Por el contrario, el aceite de oliva ayuda a la salud con la aportación de estos nutrientes:
– Calorías: 119
– Grasas totales: 13,5 g
– Grasa saturada: 1,9 g
– Grasa poliinsaturada: 1,4 g
– Grasa monoinsaturada: 10 g
– Colesterol: 0 mg
– Carbohidratos totales: 0 mg
– Proteína: 0 mg

El aceite de oliva, en particular el AOVE, contiene una cantidad impresionante de polifenoles. Estos son poderosos antioxidantes que protegen al cuerpo de los radicales libres. Además, contiene vitamina E, escualeno, clorofila y carotenoides como la luteína. El de girasol, por su parte, aporta una gran dosis de vitamina E, que protege las células del daño relacionado con la edad. Pero carece de los potentes antioxidantes que se encuentran en el de oliva. De hecho, una cucharada de aceite de girasol contiene el 28% de la ingesta diaria recomendada de una persona.

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